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Punta de Choros
Punta de Choros

Chañaral de Aceituno y Punta Choros se reinventan con avistamiento de ballenas y delfines

La masiva llegada de visitantes impulsó nuevos restaurantes, sitios de buceo y una amplia oferta de alojamientos.

(El Mercurio) Como si fueran conocidos de la tripulación, los delfines emergen y se sumergen varias veces frente a los turistas en Punta Choros, en Coquimbo. Mientras, en Chañaral de Aceituno, ubicada casi en el límite entre Atacama y la IV Región, las visitas ilustres toman dimensiones enormes. Allí, entre diciembre y marzo es frecuente ver ballenas azules, jorobadas y fin.

“El turismo aumentó gracias a las ballenas. La gente se empezó a preparar, a hacer cabañas, porque esto empezó a subir”, comenta Roberto Marín, alcalde de mar y pescador local.

Ambas caletas hoy viven un frenético ir y venir de visitantes que ha impulsado su desarrollo. Así, el turismo de avistamiento generó un circuito entre ambas localidades, separadas por 27 km. Aunque los caminos son de tierra, las obras de mejoramiento facilitaron su conexión.

En Chañaral de Aceituno, sus habitantes dicen que “no existía en el mapa” hasta principios de la década del 2000. En 2013, la cifra superó los 17 mil.

De hecho, las visitas a Isla Damas, que es parte de la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt, ubicada frente a Punta Choros y Chañaral de Aceituno, no superaban las 27 mil en 2008. La cifra se empinó tras el conflicto por la fallida instalación de termoeléctricas en La Higuera. El año pasado recibió más de 45 mil turistas, en su mayoría chilenos, estadounidenses y europeos.

Este flujo creciente impulsó la generación de varios emprendimientos. En Chañaral de Aceituno se abrió una escuela de buceo, se sumó un tercer restaurante y es casi imposible ver algún sitio donde no estén construyendo cabañas, que ya suman 50.

“La evolución que ha tenido es súper grande, y está a simple vista”, dice Johnny Peña, dueño de un restaurante en la caleta.

Allí, los paseos los hacen los mismos pescadores. Veinte de ellos se dedican al turismo: acomodaron sus embarcaciones con techos, chalecos salvavidas, motores más potentes y rápidos para hacer el tour que dura al menos tres horas y cuesta $10.000.

También se capacitaron para identificar a los animales, y ya conocen las rutas de las ballenas, que son menos “juguetonas” que los delfines y a veces no se dejan ver. Aunque con menos frecuencia, también es posible ver calderones grises y orcas.

En Punta Choros, 70 botes dejaron de transportar productos del mar para mover turistas (unos 500 al día). Y también se han profesionalizado. Hace un mes, una inversión de Corfo por $100 millones permitió a 20 embarcaciones recibir nuevo equipamiento de seguridad y de motores. Además, se implementó una lancha de rescate, con inmovilizador y equipo desfibrilador.

“Acá, además, tenemos playas: Las Barrancas, La Ventanita, una playa de 18 km para ir a trotar y pescar. También hay dunas para pasear con la familia, aparte de la gastronomía. En la pesca salen congrio, pescado de peña, cojinova, jaiba”, añade Juan Tirado, uno de los dirigentes de los pescadores turísticos de la caleta.

Las mujeres aprovecharon de explotar su típica gastronomía. Varias están en el centro Eco Futuro, donde diariamente unas 400 personas disfrutan de pescado frito o empanadas. “Antes venía la mitad, pero esto ha crecido muchísimo”, comenta Janette Aguirre, presidenta del establecimiento.

“Hay todo un encadenamiento, porque el turismo permite generar emprendimientos en distintos oficios y servicios”, dice Adriana Peñafiel, directora de Sernatur en Coquimbo. Ese organismo ya prepara un convenio entre Atacama y Coquimbo para facilitar la visita a este circuito costero, al igual que Corfo, entidad que está apoyando a los emprendedores de La Higuera.

Foto: welcomechile.com

 

 

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