Esta publicidad se cerrará en segundos Cerrar

En los programas presidenciales no existe el conflicto del agua

La problemática del agua, es un conflicto que afecta al desarrollo económico, social y medioambiental del país, sin embargo, la temática no está en ninguno de los programas de los actuales candidatos presidenciales.

En algunos casos solo aparecen eslogan, títulos o promesas repetidas con más consejos que propuestas y en otros, simplemente no se menciona el tema hídrico. No basta decir que se debe “recuperar” el agua para el Estado o proponer “construir una carretera hídrica” o un “Ministerio del Agua” o que esta debe seguir en “manos privadas y regida por el mercado” o “fortalecer los sistemas de fiscalización y monitoreo de las cuencas”.

Es cierto que la solución no dependerá de un gobierno, partido político, sector o grupo económico, esto debe enfrentarse con la participación de los principales actores y la comunidad, mediante un gran acuerdo nacional del agua (GANA), donde se consideren los intereses de los distintos sectores de la sociedad. Lo que queda claro, es que el Estado no puede renunciar al liderazgo a obtener una solución concreta para trabajar en la nueva realidad hídrica que está viviendo y vivirá el país.

Es necesario recordar que producto de la escasez hídrica de los últimos 10 años, ciudades como Copiapó, Tierra Amarilla, Ovalle, Combarbalá, Illapel y la parte norte del Gran Valparaíso, estuvieron a días del racionamiento de agua potable para la población (2015). Por su parte, las localidades rurales enfrentaron una situación aún más crítica, debido a que varias de ellas se quedaron sin agua potable para el consumo, debido a que los pozos de captación se secaron, debiendo ser abastecidas mediante camiones aljibes a un alto costo para el Estado ($92.000 millones).

La agricultura, que es el principal usuario y consumidor del agua en el país (consume el 82% del agua), fue uno de los sectores más golpeado económica y socialmente. Según un informe emitido por el Congreso Nacional, al año 2015, producto de la sequía existían 194 comunas en el país (un 54% del total nacional), con declaración de emergencia agrícola, entre las regiones de Atacama y la Región de Los Ríos. Estas comunas representan el 74% del total de explotaciones agrícolas del país.

Esta sequía fue una de las primeras expresiones visibles del cambio climático que afectó a nuestro país y fue reconocida por todos los sectores de academia, científicos, políticos, ONGs, agrupaciones sociales y empresariales.

Cambio climático

Las proyecciones climáticas para el siglo XXI, indican una importante degradación de las fuentes de agua de las zonas del norte chico, central y parte del sur del país.

De forma complementaria, los fenómenos asociados al cambio climático y la escasez hídrica se han estudiado y analizado durante años por universidades, organismo internacionales como el Banco Mundial, Cepal, BID, CAF, ONU, también han participado ONGs, gobiernos e instituciones públicas y privadas. Por otra parte, se han ejecutado seminarios, conferencias, congresos, mesas del agua, comisiones, se han nombrado Delegados Presidenciales, etc. Todo lo anterior ha dado origen a una gran cantidad de información para conocer técnicamente el comportamiento del fenómeno y sus consecuencias. También ha permitido a los distintos sectores realizar diagnósticos, propuestas parciales y tomar posiciones para determinar una estrategia o políticas públicas que permitan mitigar sus efectos.

Hasta el momento, esta “burocracia intelectual y técnica” no ha tenido el resultado esperado como para lograr una visión compartida e integrada de largo plazo de los distintos sectores involucrados y de la sociedad. Por el contrario, aún estamos en una discusión entre el diagnóstico y propuestas parciales, donde cada sector defiende sus intereses públicos o privados, pero no hemos logrado avanzar en la forma que se requiere para enfrentar la nueva situación hídrica del país.

En los programas o propuestas de programas no existen propuestas referidas a los recursos hídricos o de política pública que permitan generar los consensos políticos, técnicos y económicos que se requieren. En lo político, existen dos grandes barreras estructurales del estado que aumentan la dificultad para lograr resolver este conflicto:

a) Falta de un liderazgo fuerte en lo político y en lo técnico, que sea reconocido por las partes involucradas y produzca las confianzas necesarias, incluida la ciudadanía para poder desarrollar e implementar soluciones concretas. Si buscáramos un método de trabajo similar, lo podríamos encontrar en la industria eléctrica, donde el liderazgo del ministro de Energía, Máximo Pacheco, permitió generar los acuerdos necesarios para hacer una profunda reforma estructural energética donde las partes quedaron conformes y los beneficios para el país ya se pueden apreciar por la ciudadanía.

b) Institucionalidad estatal del agua dispersa. El agua es un recurso que no tiene un ministerio (a diferencia de la Energía), por el contrario, la toma de decisiones está dispersa en el aparato del Estado en 42 servicios públicos, incluido nueve ministerios (Obras Públicas, Agricultura, Energía, Medio Ambiente, Defensa, Salud, Vivienda y otros) que por el volumen de instituciones que participan, hace imposible una coordinación funcional eficiente, donde cada uno toma posiciones en base a sus intereses institucionales, algunas veces impidiendo un acuerdo.

Una posición similar se da en el sector privado, donde una diversidad de agrupaciones gremiales como SNA, Sonami, Consejo Minero, Sofofa, Agrupaciones de Regantes, Andess, etc. donde tampoco existe una coordinación muy efectiva entre ellos
A pesar de la situación descrita, los programas de gobierno de los actuales candidatos presidenciales no se pronuncian respecto del agua, no muestran una convicción política de urgencia, como tampoco de la grave situación hídrica del país. Si es así, seguiremos esperando mientras la desertificación avanza, limitando el desarrollo económico y social del país.

Temas Asociados