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Gestión de riesgos en el sector sanitario

“Es urgente que como país sigamos fomentando una cultura cívica, tal como ocurre en países como Japón”.

Mirando los últimos años, impresiona el número de emergencias que ha debido enfrentar nuestro país. El terremoto del 27F,  los aluviones sin precedentes en Atacama, la erupción del volcán Calbuco y el terremoto en Coquimbo. Este año partió con incendios en la zona centro sur y luego hemos vivido episodios de lluvias que afectaron la infraestructura de servicios básicos en gran parte de Chile.

La Superintendencia de Servicios Sanitarios ha tomado un rol relevante en la coordinación de los planes a nivel industria. En tanto las compañías reunidas en Andess han establecido instancias formales de colaboración, intercambiando conocimientos en talleres específicos, incorporando tecnología, además con apoyo logístico y de recursos humanos especializados.

La dispersión geográfica de Essbio y Nuevosur, implica que en los últimos 10 años nos hayamos visto afectados por algunos de esos eventos, cada uno imponiendo retos específicos para la continuidad del servicio para más de tres millones y medio de personas en tres regiones. Estas emergencias  han puesto a prueba nuestra capacidad de resiliencia, generando conocimiento y experiencia.

¿Qué hemos aprendido? Primero, que hay que anticiparse. Chile es un país sísmico y es imprescindible contar con catastros de tipos de suelo que guíen los planos reguladores y definan las áreas de expansión, contribuyan a la fijación de estándares de construcción y materiales, a la adaptación de diseños y métodos constructivos y a la identificación de las zonas de riesgo.

Segundo, hay que prepararse con planes de emergencia robustos. La implementación de normas como la ISO 22.301 sobre continuidad de negocios es clave, pero también lo es la coordinación de planes con todos los organismos públicos y privados que deben asistir a una catástrofe, por ejemplo, a través del Sistema Nacional de Protección Civil. El pool de recursos desde centros de abastecimiento hasta contratistas y equipos, que se consigue con esta coordinación multisectorial mejora la capacidad de respuesta en beneficio de todos.

Tercero, planes de contingencia actualizados por comuna, identificando los sistemas productivos críticos y robusteciendo los más expuestos. Además la capacidad de comunicación es imprescindible,  potenciando niveles de contacto y confianza con las autoridades y desarrollando vínculos previos con alcaldes y dirigentes vecinales para facilitar la  información a la comunidad.

Es urgente que como país sigamos fomentando una cultura cívica, tal como ocurre en países como Japón. Es cierto que ya tenemos claro qué esperar en caso de terremotos, pero el hecho es que la frecuencia de los eventos hidrometeorológicos ha aumentado, lo mismo que otros asociados al aumento de la temperatura global. Enfrentar esta nueva realidad requiere que los actores tengamos claridad de nuestro rol y las acciones que debemos llevar a cabo para superar las emergencias.