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Desalación, una solución sustentable e innovadora

Actuales operaciones y nuevos proyectos, no solo traen consigo progreso en la zona, sino que también la oportunidad de dar un salto cualitativo en el aprendizaje y la innovación.

Sabemos que dos tercios de la superficie de la Tierra es agua, sin embargo se proyecta que para 2025, ochocientos millones de personas experimentarán absoluta escasez de agua. Una paradoja cuando las fotos desde el espacio la muestran como un planeta azul. Tanto así que se dice que “las próximas guerras serán por el agua”. Cada día se hace más escasa y por lo tanto adquiere mayor valor subjetivo.

¿Cómo nos libramos de este escalofriante futuro? Con tecnología y capacidad humana.
Desde varios años se trabaja para desarrollar nuevas tecnologías que puedan convertir parte del 97,5% del agua del planeta de salada a dulce, y así poder suministrarla para el consumo humano, industrial y agrícola.

Experiencia exitosa es lo que ocurre en el norte de Chile, donde algunas ciudades se abastecen de agua de mar desalinizada y empresas mineras han logrado combinar, en algunos casos el uso de agua de mar cruda (sin tratar) con agua desalinizada y en otros, el uso completamente de agua desalinizada.

Este desarrollo en desalación no es un punto aislado en la historia. Ya en el siglo XIX, en torno al año 1880, en la ciudad de Antofagasta existía una planta de desaladora por evaporación/ condensación que trabajaba con leña y carbón. También se registra la primera planta desaladora solar conocida, construida en 1872 por Charles Wilson y que funcionó hasta 1912 en la localidad de Salinas, a unos 60 kms de Antofagasta. Esta contaba con 64 tanques de madera pintados de negro y cubiertos de vidrios inclinados donde se evaporaba agua salobre de la zona.

Dicha planta llegaba a producir 20 m3 diarios de agua pura, la que era usada como bebida para los animales de tiro de la mina.

Antofagasta se abastece cerca de un 80% por agua desalada proveniente de la Planta Desaladora Norte, la primera en su tipo en Sudamérica. Esta operación permite a la ciudad consolidarse
sustentablemente, sobre todo en una zona donde el principal río – El Loa- fue declarado agotado en el año 2000.

En Atacama operan otras tres plantas, que suministran agua a yacimientos mineros, agricultores del valle del Copiapó y a la ciudad de Caldera para consumo humano.

Estas operaciones, más los nuevos proyectos en proceso de estudio o ejecución, no solo traen consigo progreso en la zona, sino que también la oportunidad de dar un salto cualitativo en el aprendizaje y la innovación. Cada una de ellas presenta desafíos de diseño, operativos y tecnológicos, que cada vez
más, están siendo analizados y abordados por nuevos profesionales y técnicos locales.

Finalmente, Latinoamérica apuesta por el desarrollo tecnológico para resolver el problema de abastecimiento, tanto para la industria, como para la agricultura y consumo humano. Esto trae consigo valor en desarrollo tecnológico, innovación y preparación de capital humano, representando una excelente oportunidad para llevarnos a una posición de liderazgo en esta industria.

No por nada hoy, nuestro desierto se abastece en forma sustentable con agua dulce… del mar.

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