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Nunatak, el laboratorio que mide la contaminación de los glaciares chilenos

Hace un año que científicos del Centro de Tecnologías Ambientales (Cetam) de la Universidad Federico Santa María (USM) están monitoreando el nivel de contaminación física y química que existe en estos glaciares.

(Diario Financiero) Por el paso Los Libertadores, que conecta Chile y Argentina en la Cordillera de Los Andes, transitan cerca de 2.000 vehículos diarios. Y se estima que al menos la mitad corresponden a camiones y buses. ¿El problema? La emisión no cuantificada de contaminantes como el CO2, a 3.200 metros de altura sobre el nivel del mar, se da en un territorio que gran parte del año está cubierto por glaciares y masas de hielo.

Hace un año que científicos del Centro de Tecnologías Ambientales (Cetam) de la Universidad Federico Santa María (USM) están monitoreando el nivel de contaminación física y química que existe en estos glaciares. Lo hacen a través de Nunatak, el laboratorio-refugio instalado en la Cordillera de Los Andes, a un lado de la Escuela de Montaña del Ejército de Chile, en la zona de Portillo en la Cordillera de Los Andes, espacio que fue inaugurado hace sólo unas semanas.

El recinto es el primer laboratorio que investiga la química de la atmósfera y la nieve de los glaciares de Los Andes en Latinoamérica y que tiene la particularidad que puede ser trasladado de un lugar a otro.

Nunatak, que debe su nombre a los refugios esquimales, permite obtener información precisa sobre los contaminantes atmosféricos que afectan a los glaciares y su impacto progresivo en el derretimiento. Además, posibilita monitorear las características físicas y químicas entre la criósfera –parte de la tierra donde el agua está congelada- y la atmósfera. En otras palabras, lo que le llega por contaminación atmosférica a un glaciar.

En el laboratorio trabajan 20 profesionales del Cetam quienes han logrado medir en tiempo real la concentración de black carbon (carbono negro), de partículas en el aire (PM10, PM2.5, PM1) y su distribución por tamaño; gases atmosféricos como compuestos orgánicos volátiles totales, hidrocarburos no metánicos, metano, amoníaco, ozono, monóxido de carbono, dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno, entre otro. Todo esto se complementa con las muestras de nieve superficial y profunda, donde se evalúa el pH, conductividad, concentración de iones y elementos contaminantes orgánicos que están presentes en la fase sólida y liquida de la nieve.

También miden “la huella dactilar química de los contaminantes, que es la identificación de compuestos químicos de aerosoles que viajan por el aire y se depositan en las superficies blancas de la tierra, contaminando la nieve”, comenta Francisco Cereceda, director del Cetam y líder del proyecto, quien afirma que con estas mediciones sería posible, incluso, identificar al responsable de determinados elementos que generan la contaminación.

Alcance de las investigaciones

Cereceda destaca que es la primera vez que se estudian glaciares del cordón de Los Andes, y específicamente de esta zona, información que se une a datos previos, levantados por el centro desde 2003, desde el Tupungatito hasta la Antártida.

En su conjunto, además del diagnóstico actual, la investigación permitirá realizar proyecciones a 50 años plazo, las que se podrán presentar a autoridades gubernamentales para tomar medidas de cuidado y reguardo de estos hielos y así despertar la ley de glaciares que hoy duerme en el congreso.

“La idea es generar un impacto para fiscalización y acción de parte de organismos gubernamentales, por eso publicaremos un libro donde se explicarán los resultados de este primer año de investigación de manera sencilla con infografías y también de manera más técnica, y se pueda profundizar en el tema”, agrega el académico.

El laboratorio también tendrá un impacto en otras zonas de Los Andes, ya que con la ayuda de modelos de predicción, es posible extrapolar resultados, explica Cereceda. Algo que no resultaría extraño, considerando que la cordillera, según el académico, no tiene tantas diferencias a lo largo de ella.

El investigador advierte que Chile tiene una oportunidad única que debería aprovechar para preservar los glaciares si se toman medidas de cuidado, principalmente por su latitud sur, versus países más tropicales como Bolivia o Ecuador, donde grandes masas de hielo ya se han derretido.

“En Bolivia, cerca de La Paz, un glaciar ocupado como centro de ski ya no existe, debido a la contaminación y el cambio climático. En otros países, por ejemplo México, han pasado eventos similares. Nosotros tenemos la responsabilidad de que eso no ocurra en Chile”, dice el académico y agrega que si hoy se toman medidas contra gases que causan efectos incluso hasta 200 años, estaremos cuidado el terreno por la misma cantidad de tiempo.

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