Esta publicidad se cerrará en segundos Cerrar

Agua asegurada en las principales cuencas

Mientras en la III y IV Región las lluvias caídas tienen a los embalses a tope, pero con daños en la infraestructura, desde la VI Región al sur el agua caída y la nieve acumulada prometen mejores días para el riego.

(El Mercurio) “Uno no puede pedir que todo sea fabuloso”, dice Timothy Taffe, productor de uvas, administrador del fundo Alianza de Agrofruta.

Se refiere a que esta temporada, en términos de agua, se ve auspiciosa para los regantes de Copiapó, por las lluvias y nieve caídas y por el embalse Lautaro que está lleno. Sin embargo, las precipitaciones trajeron destrucción en los sistemas de riego, situación que sería peor a la registrada con los aluviones de 2015.

Taffe, presidente de la Junta de Vigilancia del Río Copiapó, señala que habrá que arreglar los canales y volver a entubar lo que se llevó el agua.

“Lo mejor que podemos pedir los agricultores es tener agua, y ahora la tenemos”, recalca.

La situación se repite en Vallenar y en las cuencas de la IV Región, que con lo acumulado ya tienen asegurada el agua para varias temporadas de riego. Más hacia al sur, donde se depende básicamente de la nieve acumulada en la cordillera, se aprecia un regreso a la normalidad, aunque Maule sigue en estado crítico.

Las intensas lluvias del 18 y 19 de mayo en Atacama y Coquimbo acumulan al 25 de mayo precipitaciones muy superiores a los valores normales. Mientras, entre las regiones de Valparaíso hasta La Araucanía se presenta una situación deficitaria variable, que en términos generales se mueve en alrededor de 30%, plantea un informe de la Dirección General de Aguas del MOP.

Norte Grande: agua y graves daños

“Este año ha sido rico en agua. Estamos recién en mayo y con el Lautaro lleno, lo que nos garantiza por lo menos dos temporadas de mucha tranquilidad respecto del agua superficial. También estamos viendo que los acuíferos de aguas subterráneas se están recargando”, señala Timothy Taffe. El embalse solo se había llenado en tres ocasiones antes, en 1927, 1987 y 1998.

La situación en la Región de Atacama se refuerza con la nieve acumulada en la cordillera, aparte de que hay posibilidades ciertas de nuevas lluvias -incluso anunciadas para el fin de semana pasado-, por lo que los agricultores ven como lo más probable que el invierno nuevamente sea lluvioso.

“Lo que esperamos es que se siga llenando el tranque y se sigan recargando las napas subterráneas”, agrega Taffe.

Copiapó ya venía con un año relativamente normal, pero con dos temporadas anteriores con restricciones.

“El año pasado fue normal en cuanto a agua superficial. Anduvimos bien, pero las napas de los acuíferos subterráneos desde el embalse Lautaro hacia abajo estaban descendiendo a un ritmo de entre 5 y 8 metros por año prácticamente. Hoy se ve que están recargados, lo que es muy importante”, dice el presidente de la junta de vigilancia.

La última lluvia aportó más de 50 mm para un valle que cuenta con unas 7.000 hectáreas de frutales, principalmente uva de mesa, que está en pleno período de replantación o recambio de variedades viejas o de parrones antiguos para hacer frente a nuevos desafíos comerciales, a razón de 400 a 500 hectáreas por año. A ellas se suman cerca de dos mil hectáreas más con hortalizas.

Claro que de acuerdo con Lina Arrieta, presidenta de la Asociación de Agricultores, los daños en los sistemas de riego afectan a unas 1.500 hectáreas. “Además de pérdida de infraestructura hay mucho barro. Esto significa recuperar muchas instalaciones e incluso plantaciones, por ejemplo, hay hortaliceros que perdieron toda su producción. Si bien ya se está trabajando hay que considerar que el mínimo que puede tomar reponer es de dos meses y en algunas zonas más”, comenta.

Desde el punto de vista del agua, las cuentas que sacan en Alto del Carmen, Vallenar, Freirina y Huasco, la zona sur de la región, también son muy positivas. El río Huasco tiene al embalse Santa Juana con máxima dotación, con 160 millones de metros cúbicos disponibles, y está vertiendo desde octubre de 2016 del orden de 14 metros cúbicos por segundo.

“Bien administrado, debiéramos llegar a entre tres y cinco años de seguridad de riego sin ningún problema”, destaca Nicolás del Río, presidente de la Junta de Vigilancia del Río Huasco.

Toda la zona está recibiendo agua prácticamente sin restricción, porque sobra. En el momento en que el embalse deje de verter (es decir, alcance su nivel) se pasará a distribuir el agua conforme a los derechos o con la proporción que se determine para riego. Las cuentas alegres se reafirman con la nieve depositada en la cordillera, otra cuenta de ahorro para calcular las temporadas aseguradas con riego.

En la parte alta del valle cayeron del orden de 125 mm, y en la más baja unos 65 a 70 mm. En la junta de vigilancia calculan que la nieve en la cordillera fluctuaría entre 2 y 4 metros, lo que daría suficiente agua como para regar sin restricciones este año.

Lo negativo está también en los daños provocados por las precipitaciones. El efecto en la infraestructura fue más destructor ahora. Los aluviones de 2015 se concentraron en la parte alta, en la comuna de Alto del Carmen, y las lluvias actuales en los cuatro sectores. El impacto que tuvo en la infraestructura de riego indica que aproximadamente el 95% de los canales tienen daños en bocatomas y en algunos de sus tramos.

Nicolás del Río calcula que para reponer el agua en los canales se requiere una inversión del orden de los mil millones de pesos.

Norte chico: mayores beneficios

En la cuenca del Limarí el balance es claro: los daños son menores comparados con el beneficio de las lluvias. Así piensa José González del Río, presidente de la Junta de Vigilancia. La cantidad de precipitaciones tiene a los embalses más antiguos, como Recoleta, rebalsando y a Cogotí próximo a llenarse. Además, Paloma está prácticamente en el 50% de su capacidad. A eso se suma que la evaluación preliminar de la nieve en la cordillera -que venía fallando en las últimas temporadas- indica que hay una cantidad importante. Eso podría dejar al embalse Paloma en un muy buen nivel.

“A lo menos estamos asegurando tres temporadas, poniéndonos en el peor escenario de que no caiga una gota de agua más en los próximos años”, destaca González del Río.

Incluso se atreven a pronosticar que la nueva situación podría significar una reactivación de la agricultura, que había visto como una gran superficie productiva -entorno a las 20 mil hectáreas- se había quedado sin cultivos por la falta de agua.

“No cabe duda que esto será un gran respaldo para el desarrollo agrícola de la zona”, destaca el presidente de la junta de vigilancia.

Pero los años de sequía les sirvieron a los regantes del Limarí para implementar un modelo operacional que trabaja siempre con dotaciones en función de la disponibilidad de agua. Y la idea es mantenerse con esa restricción, para hacer más eficiente el uso del recurso.

“Claro, en la medida que haya rebalse, no tiene sentido restringir, pero sí hacerle ver al usuario que esos rebalses van a durar hasta cierta época y no van a ser permanentes, de manera que nuestra idea es mantener las restricciones para asegurar por un largo tiempo la disponibilidad de agua”, agrega González.

Otra de las consecuencias de las sequías es que en el Limarí se incorporó en forma importante tecnología, lo que les permitió manejar la producción agrícola a pesar de tener solo el 40% de la dotación de agua. Por ello se cree esta tendencia se va a acentuar con las nuevas superficies que se reincorporen.

Los daños en la infraestructura fueron fundamentalmente en canales que quedaron en algunos casos embancados por la bajada del agua por las quebradas.

“Este fue un temporal en que la lluvia se distribuyó bien y en general fue sin viento. Los daños diría que fueron menores a los que han ocurrido en otras oportunidades. En el caso del embalse Recoleta, cedió un peralte que se había construido que tuvo un impacto puntual, por algunas horas, pero después eso se normalizó y actualmente esta rebalsando sin mayor problema”, agrega González.

Para los regantes del río Elqui la situación es parecida en lo positivo de contar con agua -con los embalses Puclaro y La Laguna en su máxima capacidad de acumulación- y nieve acumulada, que a la fecha alcanza 1,58 metros, aunque los daños eran preocupantes al cierre de esta edición.

Al igual que en el Limarí, han incorporado como aprendizaje lo dejado por las sequías, respecto de hacer un manejo y gestión más eficiente del recurso.

“Las precipitaciones recibidas son un importantísimo aporte para que la cuenca enfrente los próximos años; sin embargo, a partir de la experiencia de haber vivido un ciclo seco importante, la organización ha establecido reglas operacionales que permiten dar continuidad al riego, con un horizonte de planificación de 24 meses al menos. Es decir, una buena gestión sumada a un muy buen inicio de invierno son elementos que permiten tener tranquilidad”, señala Mariela Arqueros Vargas, presidenta de la Junta de Vigilancia del Río Elqui y sus Afluentes.

Ello significa, explica Arqueros, que la restricción que se mantuvo hasta la temporada anterior, en torno a 40%, se mantendrá en la actual y la próxima, pero como la cuenca es de régimen principalmente nival dependen del registro de nieve de los inviernos para evaluar y tomar las acciones respecto de las dotaciones.

Según estudios del Laboratorio Prommra de la Universidad de La Serena, Elqui mantiene una superficie en torno a las 18.000 hectáreas, pero el ciclo seco y otros factores hicieron que esta retrocediera en 2.500 ha de frutales.

También en el Elqui se registraron daños por las precipitaciones principalmente en bocatomas, compuertas de entrega y dentro de los canales en los pasos de las quebradas del valle. Para eso han pedido apoyo a Agricultura para enfrentarlos, ya que si no se reparan prontamente se pone en riesgo la superficie agrícola. Hay sectores con más del 80% de los canales no operativos.

Esperanza en la V Región

Como un muy buen comienzo de invierno califica Javier Crasemann las precipitaciones de agua y nieve. El fruticultor y presidente de la Junta de Vigilancia del Río Aconcagua 1ª Sección señala que ahora lo que cabe esperar es que haga frío para que la nieve dure más tiempo en la cordillera.

Claro que no se atreve a hacer pronósticos respecto de la temporada.

“Es muy temprano… Como no tenemos ningún embalse en el Aconcagua, todo depende de los deshielos, y si viene una lluvia cálida en altura, aparte de los aluviones, se va la nieve y nos quedamos sin nada para el verano”, señala.

Recalca Crasemann que si todo sale bien, tendrán una temporada de riego tranquila; por ahora es un buen comienzo.

Con las últimas lluvias la infraestructura resistió bien, cumplió sus funciones y no hubo daños, claro que fueron las dos primeras lluvias, una de 52 mm y la segunda de 24 mm.

O’Higgins sigue a la espera de un embalse

En la Región de O’Higgins todavía no se puede cantar victoria como en las zonas de más al norte, pero sí se advierte un cambio positivo.

Los agricultores de la región dependen de la nieve en la cordillera para regar. Y en las últimas dos temporadas la baja cantidad acumulada significó que contaron con 30% o 40% menos de agua que en años normales Para suplirlo utilizaron riego tecnificado, más acuerdos entre los usuarios, mayor eficiencia y mayor empoderamiento de las organizaciones de usuarios.

“Más diálogo para hacer buen uso del agua, turnos o riegos de noche, que se vienen haciendo desde siempre, para aprovechar más el agua en forma constante, 24/7; en años muy buenos se puede regar en horario de oficina, pero en estos tiempos la cosa es usarla todos los días de la semana y las 24 horas del día”, señala María Graciela Correa, gerenta general de la Federación de Juntas de Vigilancia de Ríos y Esteros de la VI Región.

“Esta temporada viene absolutamente bendecida por las lluvias de mayo. ¡Qué bueno que llueva en mayo!, porque en este mes, en año normal, llueve en esta zona. Así que estamos bendecidos por esas lluvias, y recuperando normalidad. Hace suficiente frío para que en la cordillera podamos ver bastante nieve y eso, evidentemente, nos pone optimistas”, destaca María Graciela Correa.

En cuanto a agua caída la zona está a la par que en un año normal, entre 100 y 120 mm, y respecto de la nieve, no hay datos por ahora.

“Llevamos tiempo intentando instalar equipos y la verdad es que es bastante difícil y la comunicación con los equipos también. Tenemos una cordillera muy alta así que no hay medición de nieve concreta”, comenta Correa.

El problema es que la zona no cuenta con sistemas acumuladores. En realidad el único embalse de riego es Convento Viejo, que se alimenta de derechos eventuales del río Teno que es de la VII Región, ocupando aguas de invierno. Además, cuentan con algunas lagunas de cordillera que se usan a modo embalse, pero son de menor tamaño y colaboran marginalmente con el riego en los dos grandes cajones cordilleranos que son Cachapoal y Tinguiririca que se alimentan fundamentalmente de la nieve.

“¿Hasta cuando va a durar eso? Depende de las isotermas y de cuánto mande el cielo. Estamos en la lista de espera para el embalse de Bollenar de Rengo. Es el que, entiendo está mejor ranqueado en la lista de prioridades del país. Está en el río Claro, a media falda en la cordillera, para 35 millones de metros cúbicos. Tiene definido el lugar, se han hecho estudios, pero la burocracia del paso de un servicio del Estado a otro hace muy lentos estos procesos. Y seguimos esperando que se pueda poner la primera piedra… Tenemos suelos de primera, clima de primera, gestión agrícola de primera, pero dependemos absolutamente de la nieve”, subraya la gerenta de la Federación de Juntas de Vigilancia.


El Maule, aún en estado crítico

El año pasado en la Región del Maule tuvieron una lluvia en abril y nada más. La campaña anterior cerró en forma precaria, con una Laguna del Maule en su peor estado, con la parte inferior con agua solamente. En 2016, la laguna del Maule logró recuperarse debido a que no se abrió para riego. Se sacó agua de otras partes y pese a los convenios fue un año crítico en el riego.

“Hubo zonas que tuvieron 30% de sus derechos para regar en enero y febrero, y en otras zonas, como la sur, se hicieron algunos ahorros de agua en centrales hidroeléctricas para poder regar entre 50 y 60%. Esa es la razón por la que la Laguna del Maule hoy aparezca con 250-255 millones de m3, cantidad que se reparte en 6 millones que son aguas destinadas a riego, 170 millones m3, que es la parte ecológica y la diferencia es el agua que tiene guardada Endesa en la laguna. Esa es la situación crítica que tiene la laguna”, señala Diez.

Por eso la necesidad de que llueva en forma excepcional y caiga más nieve de lo acostumbrado. Había 500 millones de m3 en la laguna, se gastaron 250 millones para riego muy restringido y este año, si es normal, con suerte se podrían recuperar 200 millones de m3. Es la cara de la sequía más grande de los últimos 50 años en la zona.

Esta temporada empezó mejor, pero consideran que siguen en estado crítico. Los regantes necesitan que haya lluvia excesiva y que caiga mucha nieve en la cordillera como para sentirse a salvo.

“Vemos una temporada que va a ser difícil, debido a que la laguna normalmente recupera 180 millones a 200 millones de metros cúbicos anuales. Hemos estado conversando con climatólogos y la opinión de ellos es que va a ser una temporada por lo menos más lluviosa que el año anterior, que nos puede dejar un poquito más tranquilos y ayudar en la primera parte de la temporada. Eso es bueno para toda la zona y es lo que hemos estado viendo hoy, que cae lluvia, se mantiene, caen otros 20 mm y eso va ayudando en todo el sistema”, destaca Carlos Diez, presidente de la Junta de Vigilancia del Río Maule.

A ello se agrega que en la cordillera hay alrededor de 20 cm de nieve, lo que se considera la nada misma, ya que se necesitan unos cuatro metros para recuperar la tranquilidad y contar con agua para regar en el verano.

Respecto de los embalses inferiores, el Ancoa, en la provincia de Linares, aún no empieza su llenado, debido a que están haciéndole un cambio de válvulas que debiera terminar por estos días. Este embalse es pequeño, con capacidad para 80 millones de m3, así es que en dos meses, con bastante lluvia, se puede llenar. No hay información todavía de los otros dos embalses, Bullileo y Digua, aunque ya partieron con su proceso de llenado.

Carlos Diez insiste en que por ahora es muy temprano para sacar conclusiones. Hay mejores condiciones, pero todo se sabrá en agosto con los primeros balances de agua caída y de nieve.

Temas Asociados