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Peor sequía en 25 años en Bolivia deja casi seco el capital político de Morales

Se le responsabiliza por no haber previsto la crisis y por la mala gestión de la empresa estatal de aguas, nacionalizada por el propio Mandatario. Él insiste en culpar al calentamiento global.

(El Mercurio) El ritual andino del jallupacha , para pedir y agradecer a la Pachamama por las lluvias, ha tenido este año especial urgencia: la severa sequía que afecta a Bolivia, la peor en 25 años, ha provocado racionamientos en el suministro de agua en siete de las 10 principales ciudades del país, y aunque el Presidente Evo Morales se ha unido a yatiris (chamanes) y amautas (sabios) aymaras para rogar por precipitaciones, no hay sahumerio que lo salve de ser apuntado como uno de los responsables por el mal manejo de la crisis.

La emergencia solo empeora con el pasar de los días, y no hay indicios de que mejore en el corto plazo. En las ciudades altiplánicas de La Paz y El Alto, las más afectadas, ya corren 25 días desde que se iniciaron los cortes de suministro: actualmente en los hogares solo hay disponibilidad de agua por tres horas cada tres días, pero cuando se da, el fluido sale de la cañería amarillento y con tierra, por lo que se desaconseja su consumo directo. En algunos barrios más afectados solo hay abastecimiento a través de camiones cisterna, lo que ha debido ser reforzado con la ayuda del ejército y de fuerzas antidisturbios, por el temor a la reacción de los vecinos, y con vehículos de la petrolera YPFB.

Producto de la escasez de agua, las autoridades decidieron adelantar las vacaciones escolares en las zonas más golpeadas -las regiones de La Paz, Oruro y Potosí-, mientras que varios hospitales se han visto obligados a aplazar los procedimientos menos urgentes. Las quejas también suenan fuerte en los sectores productivos, que han acusado la pérdida de decenas de miles de cabezas de ganado y el deterioro de cientos de miles de hectáreas de cultivos.

Y mientras ya se registran las primeras protestas por la crisis, los dardos solo apuntan en una dirección: la mala administración de Evo Morales. Pese a que la sequía ya se arrastra por nueve meses -es la más prolongada desde 1982- y las principales represas registran hace tiempo niveles mínimos -en La Paz, las tres que abastecen de agua a la región, están entre el 8% y el 1% de su capacidad-, el Presidente solo decretó “emergencia nacional” la semana pasada, cuando la situación ya era crítica.

“Hay que estar preparados para lo peor”, admitió Morales, quien ha reconocido que no estaba listo para una situación de este tipo. “Para mí es como un terremoto. No calculamos, no estaba en las previsiones que nos falte agua. Nos ha sorprendido”.

Pero hasta ahí la autocrítica. El Mandatario -quien ha propuesto bombardear nubes para que llueva y la construcción exprés de nuevas represas-, no ha hablado de mala gestión, de responsabilidades políticas ni menos de la caótica situación de la estatal Empresa Pública Social de Agua y Saneamiento (EPSA), creada por el propio Morales en 2007 para la provisión de agua potable tras la salida de la compañía privada Aguas del Illimani, filial de la francesa Suez.

La explicación de Evo solo parece apuntar al fenómeno climático. “Este calentamiento global va a continuar”, ha dicho, insistiendo una y otra vez que 2016 ha sido el “más caluroso de los últimos 100 años”. Lo que no deja de ser cierto: según el PNUD, Bolivia es uno de los países que más sufren por el alza global de las temperaturas, lo que ha provocado el progresivo deshielo de glaciares y la desaparición de lagos como el Poopó o el Uru Uru, cuyas aguas se evaporaron.

Pero -dicen los expertos y la oposición- el factor climático es solo una parte del problema, y Morales omite cualquier referencia a la falta de inversiones en el sector, a las negligencias y a la nula previsión ante este tipo de emergencias.

“Son muchos los países que sufren los efectos del cambio climático y de sequía. Pero lo fundamental en la falta de abastecimiento de agua en Bolivia es que la gestión pública ha sido ineficaz y totalmente clientelista”, señala el analista político Carlos Toranzo, quien apunta a la administración de EPSA y otros organismos públicos. “Se han puesto en las empresas de agua a cocaleros, a dirigentes del (partido oficialista) MAS, a sindicalistas, a gente que no tiene ninguna experticia para manejar las competencias que les corresponden. Y el Presidente dice que no sabía nada. El Vicepresidente no sabía nada. La ministra de Medio Ambiente y Agua no sabía nada. Todos tapan el problema, aunque la situación sea crítica”, afirma.

Para el columnista Carlos Cordero, la crisis ya está golpeando fuertemente el capital político de Morales, sobre todo en los sectores de clase media afectados por los cortes. “Claramente ha afectado su credibilidad, su aprobación y su gestión (…) Y el malestar va a continuar”, dice. No obstante, el politólogo destaca que el Presidente ha desarrollado rápidamente una campaña comunicacional que lo blinda, en principio, en sus bastiones electorales. “El Presidente ha salido en spots descubriendo pozos de agua, lagunas, todo muy milagroso. También lo han mostrado bailando por la lluvia, cargando baldes de agua en una cisterna, anunciando que va a construir 90 represas… todo esto frena un mayor deterioro en su imagen”.

Sin embargo, si la situación empeora en El Alto, el cálculo cambiaría. “Se trata de una ciudad muy belicosa y podría haber problemas sociales muy intensos”, advierte Toranzo. “El gobierno está desviando hasta la última gota de agua para El Alto, previendo lo que podría ocurrir allí”.

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