OIT: Desaceleración mundial y cambios en modelo productivo deterioran la creación de empleo

Que el desempleo aún no se resienta en Chile se atribuye a que, por ahora, la desaceleración ha venido sobre todo por el lado del cobre, que no es tan importante en volumen directo de empleo.

(El Mercurio) La desaceleración económica mundial ya está teniendo efectos en el empleo y en el caso de América Latina, encuentra a la región con una caída en el precio de las materias primas, lo que repercute sobre el crecimiento y la generación de puestos de trabajo, dice el director del Departamento de Investigación de la OIT en Ginebra, Raymond Torres.

Que el desempleo aún no se resienta en Chile lo atribuye a que, por ahora, la desaceleración ha venido sobre todo por el lado del sector exportador de cobre, que no es tan importante en volumen directo de empleo, mientras que otros rubros como turismo, servicios y algunas actividades manufactureras que dependen menos del precio de los commodities han aguantado bien.

Sin embargo, plantea que de prolongarse el debilitamiento de la economía chilena, ello tendrá un impacto general en la generación de empleo, debido a que el sector de commodities está por ahora reteniendo mano de obra porque no es fácil contratar personal calificado, técnico y especializado.

“Sabemos que si una desaceleración es relativamente corta, una política que funciona bien es la retención de mano de obra y hay dispositivos específicos que, mediante el diálogo social, ayudan a sostener el volumen de empleo de las empresas, en la medida en que ellas son sostenibles, son de sectores rentables a largo plazo y solamente sufren un bajón temporal”, comenta.

Recortes drásticos de planilla pueden dañar la competitividad de largo plazo de las empresas, sostiene Torres, pero también releva la importancia de la adaptación de la empresa. “Si una empresa se ve abocada a un bajón importante en la coyuntura, para evitar despidos puede concebirse un diálogo social entre empresarios y sindicatos donde se negocie una reducción temporal de salarios”, dice.

Más allá de este desafío de corto plazo en el mercado laboral, el tema de largo plazo que preocupa hoy es el cambio en el modelo productivo por la introducción de nuevas tecnologías, lo cual está modificando la relación entre empresas y trabajadores.

Tradicionalmente, la relación ha sido de empresas y asalariados, pero con las nuevas tecnologías se fragmenta el proceso productivo y se externalizan muchas funciones, lo que implica fragmentar el empleo. Ya no hay un modelo de asalariado, precisa el economista, citando los modelos de empleo interino, temporal, a corto plazo, cuenta propia o independiente y crowdworking o modelo de trabajo cooperativo.

La diversificación del panorama laboral tiene oportunidades, pero también el desafío de asegurar empleo a todo tipo de asalariados, lo cual no es fácil. Para afrontar esta situación, se requiere apuntar a políticas de competitividad, enfatiza Torres, quien el viernes pasado participó en un diálogo con expertos laborales en la sede de OIT en Santiago, entre ellos, Joseph Ramos, académico de la U. de Chile y presidente de la Comisión Nacional de Productividad.

Un elemento que resta competitividad a América Latina es la baja tasa de inversión, en comparación con Asia emergente, y es una de las cosas que en su opinión hay que mejorar. Menciona como otro punto importante los vínculos que mantienen los sectores exportadores de recursos naturales con el resto de la economía; cuando hay una cadena interna de valor, eso permite amortiguar los shocks y reducir la economía informal.

Desde la perspectiva de la OIT, hoy en día el sindicalismo y las organizaciones empresariales tienen un nuevo papel y es cómo participar en un debate a nivel del país en general para adaptarse a un mundo que está cambiando rápidamente y que requiere de una reflexión sobre temas que se han discutido poco. Entre ellos, la capacitación; la adaptación al cambio tecnológico y aprovechar un potencial que existe de creación de empleo en nuevos sectores en la salud, la educación, la cultura, la economía solidaria o de colaboración, como por ejemplo, el cuidado a la tercera edad.

“Sabemos que cuando aumenta la renta, aumenta más aun la demanda incipiente que está en este tipo de servicios. Probablemente por ahí es donde más se va a crear empleo y no tanto en sectores tradicionales que se van a automatizar y van a destruir empleo por causa de las nuevas tecnologías”, explica.

La OIT considera prioritario promover la participación laboral de la mujer no solo si trabaja o no, sino también la calidad del tipo de trabajo que desempeña. También asigna un importante rol a las políticas públicas en la inserción laboral de los jóvenes de entre 15 y 24 años que no estudian ni trabajan (NINI). Más que el trabajo part-time de los jóvenes que estudian, Torres considera que la posibilidad de combinar práctica y estudios es mucho mejor para evitar que se pierda tiempo con respecto a los estudios o que se abuse de su condición. Menciona la experiencia de Corea del Sur, que intenta responsabilizar a las instituciones educativas con respecto al porvenir profesional de los estudiantes, y hasta cierto punto lo está consiguiendo, dice.

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